Vía Láctea

Descubre restos de 11 galaxias comidas por la Vía Láctea

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El proyecto Dark Energy Survey descubre restos de 11 galaxias comidas por la Vía Láctea

por Amelia Ortiz · Publicada 17 enero, 2018 ·
17/1/2018 de University of Chicago


Ilustración de corrientes estelares alrededor de la galaxia de la Vía Láctea. Crédito: NASA / JPL-Caltech / R. Hurt, SSC & Caltech.

Los científicos han publicado los descubrimientos preliminares cosmológicos del proyecto Dark Energy Survey que investiga unos 400 millones de objetos astronómicos, incluyendo galaxias lejanas y estrellas de nuestra propia galaxia. Entre lo más destacado de los tres primeros años de datos del rastreo está el descubrimiento de 11 corrientes estelares nuevas, restos de galaxias más pequeñas despedazadas y devoradas por nuestra Vía Láctea.

Nuestra galaxia está rodeada por un halo masivo de materia oscura, que ejerce una potente atracción gravitatoria sobre las galaxias cercanas más pequeñas. La Vía Láctea crece atrayendo, despedazando y absorbiendo estos sistemas más pequeños. A medida que las estrellas son separadas, forman corrientes en el cielo que pueden ser detectadas utilizando la cámara del proyecto Dark Energy. A pesar de ello, las corrientes estelares son extremadamente difíciles de encontrar debido a que están compuestas por relativamente pocas estrellas dispersas por una gran área del cielo.

“Es emocionante que hayamos encontrado tantas corrientes estelares”, afirma Alex Drlica-Wagner (Fermilab y Kavli Institute for Cosmological Physics). “Podemos utilizar estas corrientes para medir la cantidad, distribución y agrupamiento de la materia oscura en la Vía Láctea. Los estudios de corrientes estelares ayudarán a restringir las propiedades fundamentales de la materia oscura”.

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Arqueología en el antiguo centro galáctico

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El Hubble realiza arqueología en el antiguo centro de nuestra Vía Láctea

por Amelia Ortiz · Publicada 17 enero, 2018 ·
17/1/2018 de Hubblesite


Esta imagen del Telescopio Espacial Hubble captó la resplandeciente región central de nuestra galaxia la Vía Láctea. Crédito: NASA, ESA, y T. Brown (STScI).

Durante muchos años los astrónomos han tenido una imagen simple de la región central de nuestra Vía Láctea, o bulbo, pensando en ella como un lugar tranquilo compuesto de estrellas viejas, las primeras colonas de nuestra galaxia. Sin embargo, debido a que en la región interior de la Vía Láctea hay un ambiente tan abarrotado, siempre ha sido difícil separar los movimientos estelares para estudiar el bulbo con detalle.

Ahora un nuevo análisis de 10 000 estrellas normales del tipo del Sol en el bulbo revela que el centro de nuestra galaxia es un ambiente dinámico de estrellas de varias edades desplazándose a distintas velocidades, como el bullicio de viajeros en un aeropuerto importante. El estudio con el Hubble de este corazón caótico y complicado de nuestra Vía Láctea puede proporcionar nuevas pistas sobre la evolución de nuestra galaxia.

El equipo de investigadores, dirigido por Will Clarkson (Universiad de Michigan-Dearborn) descubrió que los movimientos de las estrellas del bulbo son diferentes, dependiendo de la composición química de la estrella Las estrellas más ricas en elementos más pesados que el hidrógeno y helio poseen movimientos menos desordenados, pero están en órbita alrededor del centro galáctico más rápido que las estrellas más viejas, que son deficitarias en elementos pesados.

“Hay muchas teorías que describen la formación de nuestra galaxia y del bulbo central”, afirma Annalisa Calamida (Space Telescope Science Institute). “Algunos afirman que el bulbo se formó junto con la galaxia hace 13 mil millones de años. En este caso, todas las estrellas del bulbo deberían de ser viejas y compartir un movimiento parecido. Pero otros piensan que el bulbo se formó más tarde en la historia de la galaxia, evolucionando lentamente después de que nacieran las primeras generaciones de estrellas. En este escenario, algunas de las estrellas del bulbo serían más jóvenes, con composiciones químicas enriquecidas en elementos más pesados expulsados con la muerte de generaciones anteriores de estrellas y deberían de tener un movimiento diferente comparadas con las estrellas más viejas. Las estrellas de nuestro estudio muestran características de los dos modelos. Por tanto, este análisis puede ayudarnos a conocer el origen del bulbo”.

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Estrellas bebé en el núcleo de nuestra galaxia

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ALMA descubre estrellas bebé sorprendentemente cerca del agujero negro supermasivo de la Galaxia

por Amelia Ortiz · Publicada 29 noviembre, 2017 ·
29/11/2017 de National Radio Astronomy Observatory / The Astrophysical Journal, Letters


Imagen tomada con ALMA del centro de la galaxia de la Vía Láctea, mostrando las posiciones de 11 protoestrellas jóvenes a menos de 3 años-luz del agujero negro supermasivo central. Las líneas indican la dirección de los lóbulos bipolares creados por chorros de alta velocidad emitidos por las protoestrellas. La estrella dibujada en el centro de la imagen indica la posición de Saggitarius A*, el agujero negro supermasivo de 4 millones de masas solares situado en el centro de nuestra galaxia. Crédito: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), Yusef-Zadeh et al.; B. Saxton (NRAO/AUI/NSF).

En el centro de nuestra galaxia, en el vecindario inmediato de su agujero negro supermasivo, existe una región azotada por potentes fuerzas de marea y bañada en intensa luz ultravioleta y rayos X. Estas duras condiciones, según los astrónomos, no favorecen la formación de estrellas, especialmente la formación de las de masa baja como nuestro Sol. Sorprendentemente, observaciones nuevas realizadas con ALMA sugieren lo contrario.

ALMA ha revelado señales de once estrellas de masa baja formándose peligrosamente cerca (a menos de tres años-luz) del agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, conocido por los astrónomos como Sagitario A* (Sgr A*). A esta distancia, las fuerzas de marea producidas por el agujero negro supermasivo deberían de ser suficientemente fuertes como para romper las nubes de gas y polvo antes de que puedan formar estrellas.

La presencia de estas protoestrellas recién descubiertas (la fase de formación entre una nube densa de gas y una joven estrella resplandeciente) sugiere que las condiciones necesarias para el nacimiento de estrellas de poca masa pueden darse incluso en una de las regiones más turbulentas de nuestra galaxia y, posiblemente, en lugares similares del Universo.

Los astrónomos piensan que esto es posible gracias a fuerzas externas que comprimirían las nubes de gas cercanas al centro de nuestra galaxia para contrarrestar la naturaleza violenta de la región y permitir que la gravedad domine y forme estrellas. Los astrónomos especulan que nubes de gas de alta velocidad podrían contribuir a la formación de estrellas mientras éstas se abren paso a través del medio interestelar. También es posible que chorros procedentes del propio agujero negro choquen contra las nubes de gas que los rodean, comprimiendo el material y produciendo este brote de formación estelar.

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Detrás del núcleo de nuestra galaxia

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La cara oculta de la Vía Láctea

por Amelia Ortiz · Publicada 16 octubre, 2017 ·
16/10/2017 de Max Planck Institute for Radio Astronomy / Science

Ilustración de artista de la Vía Láctea con la posición del Sol y de la región de formación de estrellas G007.47+00.05 en el lado opuesto de la galaxia, en el brazo espiral de Scutum-Centaurus. Crédito: Bill Saxton, NRAO/AUI/NSF; Robert Hurt, NASA.

Astrónomos del Instituto Max Planck de Radioastronomía y del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian han medido directamente la distancia a una región de formación de estrellas en la cara opuesta al Sol de nuestra galaxia la Vía Láctea, utilizando el VLBA (Very Long Baseline Array). Su logro penetra profundamente en la terra incógnita de la Vía Láctea y casi duplica el récord anterior de medida de distancias dentro de nuestra Galaxia.

Las medidas de distancia son cruciales para comprender la estructura de la Vía Láctea. La mayor parte del material de nuestra galaxia, que consiste principalmente en estrellas, gas y polvo, se halla en un disco plano en el que se encuentra inmerso nuestro Sistema Solar. Como no podemos ver nuestra galaxia de cara, su estructura, incluyendo la forma de sus brazos espirales, puede sólo ser cartografiada midiendo distancias a objetos de toda la Galaxia.

Midiendo el ángulo del cambio aparente en la posición de un astro en el cielo cuando es observado desde puntos opuestos de la órbita de la Tierra (paralaje), un sencillo cálculo trigonométrico permite averiguar la distancia a ese objeto. Cuanto menor es el ángulo medido, mayor es la distancia.

Las nuevas observaciones con la red de radiotelescopios VLBA, distribuidos por todo el mundo, realizadas entre 2014 y 2015, han permitido medir una distancia de más de 66 mil años-luz a una región de formación de estrellas llamada G007.47+00.05, que se encuentra en el lado opuesto al Sol de la Vía Láctea, 27 mil años-luz más allá del centro galáctico. El récord anterior de una medida de paralaje estaba en 36 mil años-luz.

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Estamos en una galaxia especial?

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¿Es la Vía Láctea una galaxia especial?

por Amelia Ortiz · Publicada 21 septiembre, 2017 ·
21/9/2017 de Yale University / The Astrophysical Journal

Imagen óptica en tres colores de una hermana de la Vía Láctea. Crédito: Sloan Digital Sky Survey.

La galaxia más estudiada del Universo, la Vía Láctea, podría no ser tan “típica” como se pensaba, según un estudio nuevo.

La Vía Láctea, que alberga la Tierra y su sistema solar, posee varias docenas de galaxias satélite más pequeñas. Estas galaxias menores están en órbita alrededor de la Vía Láctea y son útiles para comprender la propia Vía Láctea.

Los resultados iniciales del estudio SAGA (Satellites Around Galactic Analogs) indican que las satélites de la Vía Láctea son mucho más tranquilas que las de otros sistemas de luminosidad y entornos similares. Muchas satélites de estas galaxias “hermanas” están formando estrellas de manera activa, pero las satélites de la Vía Láctea son principalmente inertes, según han descubierto los investigadores.

Esto es importante, según los científicos, porque muchos modelos de lo que ya sabemos acerca del Universo se basan en galaxias que se comportan de modo parecido a la Vía Láctea.

“Utilizamos la Vía Láctea y su entorno para estudiar absolutamente todo”, explica Marla Geha (Yale University). “Cientos de estudios son publicados al año sobre materia oscura, cosmología, formación estelar y formación de galaxias, utilizando la Vía Láctea como guía. Pero es posible que la Vía Láctea sea un caso especial”.

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El exterior de nuestra galaxia

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La región exterior de la galaxia

por Amelia Ortiz · Publicada 2 agosto, 2017 ·
2/8/2017 de CfA / The Astrophysical Journal

Reconstrucción artística de la galaxia de la Vía Láctea, mostrando las posiciones de los diferentes brazos espirales. Crédito: NASA.

El Sol está situado dentro de uno de los brazos espirales de la galaxia de la Vía Láctea, a unos dos tercios de la distancia entre el centro y las regiones exteriores. Como estamos dentro de la galaxia, el oscurecimiento por el polvo y la confusión de fuentes que se hallan a lo largo de nuestra línea visual hacen que el cartografiado de la galaxia sea una tarea difícil. Los astrónomos piensan que la galaxia es una espiral simétrica.

La galaxia no es perfectamente plana. Está un poco alabeada lo que permite que puedan verse mejor y con menos confusión algunas estructuras lejanas, al menos en dirección a las constelaciones Scutum y Centauro. Astrónomos del CfA descubrieron hace diez años una gran estructura espiral dentro de esta lejana región alabeada, llamándola “brazo exterior de Scutum-Centauro”, que parece ser una contrapartida simétrica del brazo espiral que hay en el lado opuesto, en dirección a Perseo.

Utilizando medidas en radio de gas ionizado presente en el brazo de Scutum-Centauro, ahora un equipo de astrónomos ha encontrado en él 140 posibles zonas de formación de estrellas, hallando pruebas de la presencia de estrellas jóvenes masivas en un 60 por ciento de ellas. El estudio demuestra que en el brazo se siguen formando estrellas nuevas, algunas hasta con 40 veces la masa del Sol. Estas estrellas y sus ambientes ionizados constituyen, hasta donde sabemos, el límite exterior de formación de estrellas masivas de la Vía Láctea.

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Los orígenes de la Vía Láctea

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Los orígenes de la Vía Láctea no son lo que parecen

por Amelia Ortiz · Publicada 28 julio, 2017 ·
28/7/2017 de Northwestern University / Monthly Notices of the Royal Astronomical Society

Una pareja de galaxias cercanas en las que podría estar produciéndose la “transferencia intergaláctica”. Crédito: Fred Herrmann.

En un estudio que es el primero de su clase, un equipo de astrofísicos de la Universidad Northwestern ha descubierto que, en contra de lo asumido habitualmente, hasta la mitad de la materia de nuestra galaxia la Vía Láctea puede proceder de galaxias lejanas. Como resultado, cada uno de nosotros podría estar en parte formado por materia extragaláctica.

Utilizando simulaciones en una supercomputadora, los investigadores han descubierto un modo nuevo, importante e inesperado, de cómo adquirieron su materia las galaxias, incluida nuestra Vía Láctea: por transferencia intergaláctica. Las simulaciones demuestran que las explosiones de supernova expulsan cantidades copiosas de gas de las galaxias, lo que hace que los átomos sean transportados de una galaxia a otra por medio de vientos galácticos potentes. La transferencia intergaláctica es un fenómeno recién identificado, que las simulaciones indican que es fundamental para entender cómo evolucionan las galaxias.

“Dada la cantidad de materia procedente de otras galaxias a partir de la cual podemos habernos formado, podríamos considerarnos viajeros espaciales o inmigrantes extragalácticos”, comenta Daniel Anglés-Alcázar (Northwestern University). “Es probable que gran parte de la materia de la Vía Láctea se encontrase en otras galaxias antes de ser expulsada por un potente viento, viajase por el espacio intergaláctico y acabara encontrando su nuevo hogar en la Vía Láctea”.

“Lo que este modo nuevo implica es que hasta la mitad de los átomos que hay a nuestro alrededor – incluyendo en el Sistema Solar, en la Tierra y en cada uno de nosotros – procede no de nuestra galaxia sino de otras galaxias, situadas a distancias de hasta un millón de años-luz”, explica Claude-André Faucher-Giguère (Northwestern University).

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