Un detective celeste hace hallazgo

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Un “detective celeste” identifica la fuente de inspiración estelar de Lord Byron

por Amelia Ortiz · Publicada 29 junio, 2017 ·
29/6/2017 de Texas State University / Sky & Telescope

 

El 23 de agosto de 2014, el astrofotógrafo Jeff Sullivan observó la Luna con Júpiter cerca en el cielo del amanecer. El reflejo de tres astros se ve en las aguas del Lago Mono de California: Venus, abajo a la izquierda, acaba de salir por encima de las colinas lejanas; Júpiter, con las lunas galileanas visibles, está alto en el cielo justo debajo de las estrellas del Cúmulo del Pesebre, M44. El débil resplandor del reflejo de la Tierra se ve en la parte “oscura” de la luna creciente. Crédito: Jeff Sullivan.

¿Qué tienen en común la Luna, Júpiter y la mayor erupción volcánica registrada en la historia? Pues que hace exactamente 200 años se combinaron para inspirar al famoso poeta británico romántico Lord Byron cuando escribía “Las peregrinaciones de Childe Harold”, el trabajo que le dio la fama.

Tan impresionado estaba Lord Byron que dedicó tres estrofas a un espectacular crepúsculo que observó en Italia durante agosto de 1817. “La Luna ha salido…” escribe en el cuarto canto, publicado en 1818, “… Una sola estrella se encuentra a su lado”. Las estrofas contienen suficientes pistas como para relacionar la escena con los sucesos reales que la inspiraron, incluyendo la gran erupción de 1815 en Tambora (Indonesia).

El profesor de la Universidad Estatal de Texas Donald Olson ha aplicado su particular método policíaco celeste a la cuestión de identificar el objeto que se encontraba cerca de la Luna. Olson ha determinado que la famosa “estrella” de Lord Byron era en realidad el planeta Júpiter. Además, por una feliz coincidencia, la Luna y Júpiter estarán alineados en varias fechas durante este verano, así que los observadores modernos tienen la oportunidad de contemplar una escena del crepúsculo muy parecida a la que Lord Byron observó hace 200 años exactamente.

En una de las estrofas Byron parece destacar los colores inusualmente vívidos del cielo del crepúsculo sin nubes. La potente erupción de 1815 de Tambora hizo que durante los tres años siguientes observadores de todo el mundo notaran colores brillantes en las puestas de sol y crepúsculos, que atribuyeron a la erupción. Es probable que Byron observara un “crepúsculo de Tambora” como telón de fondo de su observación de la Luna y Júpiter una tarde de agosto de 1817.

Olson, con ayuda de software astronómico, ha determinado que Byron se refiere al crepúsculo del 20 de agosto de 1817, cuando paseaba junto al Canal Brenta en Italia. Con el mismo software, Olson determinó que esta escena celeste se repetirá en varias ocasiones durante este 2017: aparecerá la Luna creciente junto a Júpiter poco después de la puesta del Sol los días 30 de junio y 1 de julio, con escenas similares repitiéndose el 28 y 29 de julio y de nuevo el 24 y 25 de agosto.

[Fuente]

Childe Harold’s Pilgrimage, Canto IV

Stanza XXVII.
The Moon is up, and yet it is not Night –
Sunset divides the sky with her – a Sea
Of Glory streams along the Alpine height
Of blue Friuli’s mountains; Heaven is free
From clouds, but of all colours seems to be
Melted to one vast Iris of the West,
Where the Day joins the past Eternity;
While, on the other hand, meek Dian’s crest
Floats through the azure air – an island of the blest!

Stanza XXVIII.
A Single Star is at her side, and reigns
With her o’er half the lovely heaven; but still
Yon sunny Sea heaves brightly, and remains
Rolled o’er the peak of the far Rhaetian hill,
As Day and Night contending were, until
Nature reclaimed her order – gently flows
The deep-dyed Brenta, where their hues instil
The odorous Purple of a new-born rose,
Which streams upon her stream, and glassed within it glows,

Stanza XXIX.
Filled with the face of Heaven, which, from afar,
Comes down upon the waters; all its hues,
From the rich sunset to the rising star,
Their magical variety diffuse:
And now they change; a paler Shadow strews
Its mantle o’er the mountains; parting Day
Dies like the Dolphin, whom each pang imbues
With a new colour as it gasps away –
The last still loveliest – till – ’tis gone – and All is gray.

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